No soy yo
y no quiero ser.
Soy los pájaros que cantan
en el jardín que mira desde la ventana,
retenido por los barrotes
de mi conciencia.
Soy el exterior,
lo de afuera,
el sonido de los pasos
subiendo las escaleras,
la mujer y sus traumas,
los escritos en las paredes,
las canciones inconclusas
y los pensamientos en el aire.
Soy un ser atrapado
en la noción externa.
Trato de entrar a mí mismo
por una taciturna puerta.
Toco, rasguño,
trasteo, llamo a la meta,
mis manos en sangre
y mi voluntad rota.
Nadie abre la cancela.
¿Qué puedo hacer?
Seguir esperando,
tocando sin cesar,
hasta que alguien,
alguna obsesión,
real o ficticia,
me abra paso
a mis pensamientos.
Me diga que no estoy solo,
que puedo tenerme a mí mismo,
que puedo entrar
a la gran fiesta
que pasa sin mí
allá adentro.