Tengo que aprender
a mirar pasar la vida, simplemente.
A mirarte desde la ausencia.
Me cuesta levantar la cabeza
y ver que el mundo sigue,
que me llama
como quien llama a un desconocido,
solo para recordarme
que no soy nadie
y que la vida,
con todo su vértigo,
está pasando ahora.
No sé…
tal vez es eso:
que no me detengo.
No me doy el espacio
para pensar,
para extrañar,
para sentir.
Estoy siempre corriendo
detrás de algo:
mi proyecto,
mi orden,
mi lista interminable de pendientes.
Como si alcanzar todo lo que quiero
pudiera justificar
el tiempo que pierdo
no sintiendo.
Cuando me detengo
y respiro
no por hábito,
sino por estar vivo,
algo se abre.
Un silencio raro,
áspero,
como si los días
me devolvieran el eco
de todo lo que ignoro.
Y ahí estás tú,
o más bien,
tu ausencia.
La siento en la piel,
como una temperatura
que no encaja.
Me falta el aire
sin tus besos.
Me falta cuerpo
sin tus manos.
Me falta mundo
sin tus suspiros cerca.