Persistencia

La memoria se manifiesta de muchas formas.
El recuerdo es solo la que percibimos
de manera placentera y volátil,
la más superficial.

Existen otras.
Porque aunque no recuerdes
el día en que diste tus primeros pasos,
caminas.
Y en cada paso
vas al encuentro
de aquel instante
en que, con fuerzas temblorosas,
te acercabas a los brazos
de esa diosa
a la que llamabas madre
y escondías el mundo
en sus hombros.

Recuerdas —aunque no lo sepas—
que para explicarle tus deseos al mundo
no bastaban las palabras
ni la escritura.
Que con exaltación y llanto
pedías alimento
o una siesta al mediodía.

Recuerdas todos los días
que necesitas a otros
para ser feliz.
Por eso buscas miradas
que crean en ti,
manos que te ayuden
a seguir.
Y recuerdas, también,
que eres feliz,
a diferencia de muchos
que, aun atravesando menos dificultades,
no recuerdan
que la vida
puede mirarse de otra manera,
porque nunca lo hicieron.

Entonces,
¿cómo podrías olvidar
las caricias que te transformaron,
la voz que te volvió libre
y adornó tus oídos
de versos
y presencias?

Para hacerlo
tendrías que borrar la memoria
o renunciar
a quien eres.

Porque si algo es seguro
es que mientras tú
—o tus genes—
se desplacen
en este universo indebidamente infinito,
el agua vertida
en nuestro encuentro
no se agotará.

No podemos olvidar
lo que hemos sido,
si lo seguimos siendo
en el paso silencioso
de los días.

Share the Post: