Exhumación

La luna,
testigo silenciosa
de nuestro cansancio,
ilumina el camino
entre la hierba nocturna
mientras cavamos
una tumba vacía,
llena de una extraña
falta de sentido.

Nos enfrentamos
a la felicidad ajena
y eludimos el sufrimiento,
con un alma tan libre
y desinteresada
como el viento
que recorre la tierra,
junto al curso incesante
de los ríos.

Todo lo demás
se desvanece,
volátil,
frente a la inmensidad
de la muerte.

Con ello, partimos,
libres de ataduras
y deseos.

Cada vida
que hemos vivido
ha sido una entrega,
un esfuerzo
por mostrar a los demás
que el mundo es más
que la urgencia
de sobrevivir
un día más,
de alimentar a la familia
o de despertar
al siguiente amanecer.

Si hemos logrado
que otro descubra
esa verdad,
entonces
habrá valido la pena.

Solo cuando hayamos liberado
a cada ser sintiente
del sufrimiento,
el hombre podrá
finalmente descansar
y, en esa paz,
cuestionar
si la vida
en esta vasta selva
tiene realmente
algún sentido.

Share the Post: