El letargo se come mis pensamientos.
Me lleva por un camino rocoso
hacia muchos lugares,
pero ninguno en concreto.
Prefiero tener mis ojos en mis manos
que mi consciencia
corriendo placenteramente
en el jardín
de un recreo interminable.
Pero eso no es cierto,
ni tampoco un hecho,
aunque fuese
mi más grande deseo.
¿Qué es el tiempo
si no la medida de tu ausencia?
Porque cuando somos espectadores
del presente,
no hay medida:
sólo un ahora
que no se convertirá en antaño
porque no importa.
Porque la posteridad nunca llega,
porque el después
siempre estará delante de nosotros.
Tal vez sólo en la oscuridad
orbita
el fin de esta simulación mediocre,
y logremos entender
el lugar donde nace
la conciencia
y el pensamiento.
Mientras tanto,
seguiré caminando en círculos,
buscando aprender a detenerme
para darme cuenta
de que todo lo que necesito
siempre ha estado conmigo.