Pensé que tenías un momento,
un respiro,
otro que el sonido de tus pasos
al marcharte.
Y la angustia de la ausencia arde
junto con los prados verdes
del verano amargo.
Te beso,
luz de amanecer de verano.
Tus sonrisas y tus miradas
han quedado en mí
como un perfume
que no puedo nombrar.
Lo que vivimos fue el instante
encontrando su momento.
A veces el alma reconoce
antes de conocer,
y el cuerpo solo sigue
el eco de esa certeza.
No creo que nos hayamos equivocado,
creo que el tiempo nos alcanzó de golpe
y nos invitó a vivir
sin pedir permiso.
Es un destello
suspendido en la memoria,
un instante que me acompañará
cuando, con los ojos cerrados,
busque el camino
hacia los tuyos.