Aunque te pensé mía,ahora se que no lo eres
Porque se que no soy mío tampoco
Soy del viento que sopla en las noches
Y la brisa soleada que anuncia el nuevo día.
Soy aquel que no es, aquel corre y se detiene
Soy lo que pudo haber sido, pero ahora existe
Soy el sueño que no se cumple, por qué era un sueño.
Me invento excusas para justificar que existo,
Para darme la esperanza de que hay algo
Entre mi pensamiento vagó y mis recuerdos,
Fuera de huesos y carne que se pudren al ritmo de un fandango que suena de fondo.
Y en ese proceso en que la angustia pesa como el sol de la tarde,
Sale otro a decir que esta vez sí será cierto,
Que el se hallaba dormido pero esta despierto,
Que lo que siente es real y está vez duradero
Y nuevamente luego de la muerte
El amor nace de nuevo en las violetas
Y persefone se viste de seda para salir a buscarlas
Y ponerlas en los versos que te escribo con lujuria,
Mientras los días pasan y el que ama parte nuevo,
Y nos deja los recuerdos y los hábitos,
Y las ganas de seguir amando
Un nuevo corazón menos ausente y vacío.
El espejismo desaparece a respiros
Se disipa como la niebla en el calor de la tarde
Y hace en el otro el vestido de perlas que le hemos puesto
Largo como nuestros sueños y del color de nuestras mentiras.
Es la única fuente de verdad en este árido desierto.
¿Por qué pensamos que somos uno,
cuando en realidad nos habitan multitudes secretas,
como violetas escondidas bajo la hierba,
cada una con su perfume,
cada una con su silencio?
Y acaso lo que llamamos ‘yo’ no sea más que esa flor en penumbra,
donde no sabe que pertenece a la misma raíz,
a la misma historia, a un único cuento.