Hay tardes en que las nubes me abrazan
Y hablan de sus días grises y lluviosos
Donde el frio adormece los párpados
Y los brazos se vuelven piedras.
Trato de no dejarme llevar por la corriente
Pero para cuando me doy cuenta
Ya he perdido de vista mi cuerpo
Y ahora solo queda mi mirada en el vacío.
Mi vos muda duda en cortar
el comodo y suave silencio,
Que se teje entre los dos
como la manta que tanto hace falta,
Como calido aire que respiraban tus labios
Mientras me hablabas el otro dia.
Todo lo que quisiera decirte suena débil e infame
Ante tus pasos firmes y certeros
Soy como el agua que no sabe esperar a la piedra para tallarla
Como aquel que no sabe guardar un secreto hasta la muerte
Vivo en castillos con cimientos de aire
Y nunca he aprendido a habitar nada que no sea fugaz.
Siento que he arrancado en ti el tiempo que nos sostiene
Y he forzado tu mirada cuando ella quería ser libre.
Tu eres hermosa como lo que no tengo
No como el reflejo en el espejo
Si no como las raíces que se aferran a la tierra.
Eres frágil, pero no como un cristal que se rompe
Si no como un ala que, si la toco mal
Puede olvidar como volver a volar.
En cambio yo soy duro, y no como el marmol que se deja esculpir
Sino como la piedra que hiere al que intenta moverla.
Y temo, con el miedo de quien ya ha destruido jardines,
Que tu tiempo se rompa contra mi indiferencia
Y tu manera de sentir se marchite en mi torpeza
En mi mundo, la gente bebe el instante hasta vaciarlo,
y tú eres un vino que necesita años de silencio para decir su verdad.
Siempre he querido mal,
El amor que ofrezco es un animal que muerde mientras abraza
Y mientras tu idioma se pronuncia con pausas y silencios,
el mio es un grito que no sabe callar.
Y en ese abismo entre tus palabras y las mías
me descubro pensando que tal vez amarte
sería la forma más pura de herirte.
Y no merecerte
La manera más honesta de protegerte.