Intervalos

Los caminos no llevan a ninguna parte
hasta que me encuentro con tus labios.
Y entonces el sueño desaparece,
el corazón se pone inquieto
y recuerda los momentos soñados.

Y sonríes con tu mirada
de la manera necesaria.
La hipótesis abstracta de nuestro encuentro
empieza a latir
fuera de la realidad paralela
del olvido
y la oscuridad de tu ausencia.

Se abren las puertas de lo imposible
para vivir la fantasía
de tus gemidos cansados.
Y el camino,
por primera vez en tantos años,
se allana de hierba,
sombra
y el roce de tus manos.

Quiero dejar de tenerte en intervalos,
para más bien convertir tus palabras en idilio
y mi voz en tus orgasmos.
La vida es corta, impredecible,
pero vivible
al son de mis latidos
y tu respiración
que se acerca sin descanso.

Cierra los ojos,
anhelo de ternura,
con la derrota de la razón
ante nosotros mismos.
Hasta que el agrio sabor de la mañana
se lo lleven las noches a tu lado
y el hastío de la vida
olvide tu nombre.

El futuro se escribe
con la tinta de tus ansias
y el calor de tu cuerpo es mi guía.
Soy un náufrago de tu mirada,
el verso imposible
de un deseo esperado.

El tiempo nos recorre inútilmente,
como un río que avanza
para ser parte de la nada,
como la vida,
fantasma de un amor concebido,
alas de un pájaro
en una jaula.

El brillo del silencio
ilumina la espera.
La noche llega
con el sol de la mañana.
Y mientras el mundo arde allá afuera,
yo decidí hacerte mía nuevamente
entre mis versos,
y revivir así
la prueba de tu existencia
en mi conciencia.

La llama que ardía dormida
en el fondo de la tierra,
esperando el momento
para volver a oírse
y rasgar el mundo con su magma,
derritiendo los paradigmas
de los amores pasados
y los sinsabores de la vida,
creando un nuevo mundo
con el olor de tu voz
al decirme
que algún día
volveremos a vernos.

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