Postal

Las olas,
el olor a sal
y voces que resuenan,
mientras copas llenas
de delirio y sed
brindan por una vida
llena de fortuna
al otro lado
de un mar
de muerte y guerra.

Pieles blancas
y lenguas extrañas
posan con sonrisas fingidas
en cada esquina de la ciudad,
llenando sus teléfonos
y las redes
de las mismas cinco fotos
que todo el mundo toma
de lugares
que lloran ante el sol
y la ignorancia
de los transeúntes.

Saltan,
más preocupados
por tapar sus defectos
a desconocidos
en redes sociales
que por entender
las dinámicas reales
de su mente
y el mundo
que los rodea.

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