Desposesión

La pérdida total,
el delirio de saber
que cualquiera que fuese su estado mental
ya no era importante.

Al observar en su interior
no se encontraba:
no había ni una pizca
de lo que pudiera decir
«esto soy yo».

Al contrario,
entre más avanzaba,
sus pensamientos
más se convertían
en el eco de otro ser,
alguien lo bastante familiar
como para querer escucharlo
y abrazarlo
en la cama
un día de invierno.

Pero, al mismo tiempo,
tan desconocido
como para temer
darle la espalda
en cualquier momento.

Share the Post: