He caminado
entre mis memorias,
pensativo y ausente.
Ebrio por el tibio recuerdo
de tu fugaz aroma.
Regreso lentamente
con mi tacto,
que avanza por las vías
de tu cuerpo
y lo convierte en mío.
Devoro tu alma
y sonríes
mientras tus ojos
se blanquean
de libido, dolor
y pasión.
Y en mi realidad
existe solo tu sombra,
en la luz de ojos ajenos
que hablan con el vacío
que dejaste
y el anhelo profundo
de volver a sentir
tu cuerpo arder
y desaparecer
entre mis manos.
En nuestra mirada
he visto el cansancio,
un suspiro agotado
de buscarnos
durante tantas vidas,
mientras nuestro empeño
persevera
en la angustia
de un mundo vacío
y sin sentido.
Mi corazón palpita
al ritmo del reloj,
avanza hacia tus brazos,
y entiendo
que no es el tiempo
el que pasa,
querida mía:
somos nosotros
quienes caminamos
a nuestro encuentro.